El rugby tucumano, definido como uno de los más representativos de la Argentina, atraviesa desde hace tiempo un período de progreso y crecimiento, ya desde lo deportivo, ya desde lo institucional. La situación constituye una saludable realidad, cuyos alcances resultan estimulantes, visto el panorama que enfrenta la disciplina a nivel nacional.

Es probable que, una de las aristas más notables que muestra esta etapa, sea la muy buena cantidad de jugadores de nuestra provincia que integra planteles nacionales. Por caso, en el último Mundial de Nueva Zelanda, hubo dos hombres -Julio Farías Cabello y Nicolás Sánchez- vistiendo la camiseta de Los Pumas. Y a ellos se puede sumar el hecho de que Gabriel Ascárate integró la preselección.

En los Pampas, la formación nacional alternativa que está a punto de iniciar una nueva participación en la Vodacom Cup en Sudáfrica (de la que es campeona defensora), cuenta por el momento con diez tucumanos, más otros dos que se sumarán en poco tiempo. Incluso uno de los entrenadores, Daniel Hourcade, es oriundo de nuestra provincia.

Pero el aporte tucumano no termina allí: hay cuatro integrantes de Los Pumitas y tres en los seleccionados Seven (de caballeros y damas). En el plano internacional, la provincia cuenta con rugbistas jugando en ligas importantes, como la de Francia. La proliferación de presencias tucumanas en el contexto nacional e internacional no es fortuita. Es un fiel reflejo de una tradición largamente expandida desde que el deporte llegó a nuestras tierras y comenzó a convertirse en uno de los mayores referentes.

A nadie escapa la rica tradición del juego que aquí se desarrolla, esa que llevó a cosechar títulos argentinos a nivel seleccionados, a protagonizar campeonatos de clubes, a promover hombres que dejaron su huella en los equipos nacionales que integraron.

Aún más, la capacidad de trabajo trasciende los campos de juego, y se llegó al punto que, incluso, hoy quien conduce los destinos de la Unión Argentina de Rugby es Luis Castillo, alguien que surgió en las canteras de Los Tarcos.

El Plan Nacional de Alto Rendimiento (Pladar) estableció hace algún tiempo una oficina en Tucumán y con ello se dio un impulso decisivo en el desarrollo de los jugadores. En los tiempos que corren, nuestros jóvenes entienden cada vez con mayor fuerza la necesidad de trabajar con seriedad, respetando las distintas fases inherentes al juego: cuidado personal, disciplina, entrenamiento, sacrificio y actitud. El campeonato Regional, aún con vaivenes en los últimos tiempos, logró consolidar un concepto de rugby integrado y en desarrollo permanente. Gran parte de la responsabilidad de ello recae en las entidades tucumanas, sobre todo en las de mayor tradición. En lo que respecta a sus selecciones, Tucumán siempre es candidato. Ello no es la excepción en la nueva edición del Campeonato Argentino de Mayores, pese a que el plantel no contará con varias figuras, justamente, por ser convocadas a los equipos nacionales. Y la misma expectativa se aplica a los combinados M-18 y M-21, actualmente campeón y subcampeón nacional, respectivamente. El presente es auspicioso y el futuro asoma fuerte y sólido. Es de esperar que tanto trabajo mantenga su intensidad y seriedad, de manera de seguir disfrutando no sólo del éxito deportivo, sino también de una disciplina modelo y proyectada con fuerza a todos los estratos sociales.